domingo, 31 de enero de 2010

Enero 15, 2006.


En el calendario fue sólo un día más, para mí fue el momento en que me di cuenta que mis ideas eran compartidas por millones, fue el día en que me di cuenta que Chile no era uno más del montón sino que un país justo, innovador y ya sin tanto prejuicio.
Coincidentemente con este día mi familia suiza estaba en Chile tomándose unas vacaciones, la noche anterior al 14/01 estuvimos juntos soñando lo que sería el día que se nos avecinaba, planeamos lo que haríamos post sufragio y cómo celebraríamos el posible triunfo de la presidenta electa, todas especulaciones, supuestos y anhelos.
La mitad del primer mes del 2006 llegó y temprano empezó el movimiento, yo en ese momento no votaba (era menor de edad) pero todo el resto de mi familia si lo hacía, y temprano fueron a las urnas a poner la rayita en el papel, que es el testimonio del derecho más democrático de nuestro país.
Hace ya algunas semanas habíamos ido a cuanto acto público se hizo en honor de la candidata, el cierre de campaña en la Alameda fue uno de los mejores acontecimientos de mi vida, doscientas cincuenta mil personas parados oyendo como Michelle Bachelet nos ofrecía un futuro próspero, igualdad y, la tan esperada, paridad de géneros. Esa tarde nos deleitamos oyendo artistas que han marcado la vida de mi familia, eran los artistas que conforman la banda sonora de nuestras vidas. Primos, tíos, abuela, amigos, estábamos todos emocionados escuchando a Ana Belén, Victor Manuel, Miguel Bosé, entre otros. Sin duda, algo que jamás podré olvidar.
El 15/01 después de que los adultos sufragaran, nos vinimos todos a San Bernardo, aquí se conformó el comando y de aquí operamos toda la tarde. La radio, tele e internet, todo al mismo tiempo, las noticias tenían que ser actualizadas cada un minuto para no perder tiempo sentados aquí y salir luego al Hotel Plaza San Francisco (donde se daría una gran fiesta) a celebrar. La información finalmente salió pasadito las 18:00 y daban por triunfadora a nuestra candidata, a la que le depositamos todas nuestras esperanzas y a la cual siempre le tuvimos confianza, casi como uno se la tiene a su madre.
Cargamos los autos con gente y partimos tocando la bocina, con banderas flameantes en honor a la, ahora, presidenta electa. Todo el camino celebrando, gritando consignas políticas, canticos y, los infaltables, chistes.
Estacionamos pasadito Plaza Italia, quizás cerca de Salvador, no recuerdo muy bien, lo que sí recuerdo es que llegamos y la gente se abrazaba, nos saludaba, era como si todos los que estuvimos allí nos conociéramos de toda la vida. Marchamos de Baquedano hasta Universidad de Chile, donde se hallaba el escenario principal y desde donde la triunfadora daría su primer discurso como Presidenta electa. La fiesta prendió con Tommy Rey y otras bandas que nos hicieron bailar, hasta que llegó el momento más esperado de la noche, no recuerdo bien la hora exacta, sí recuerdo que el cielo ya estaba negro, así es que imagino que eran pasado las 21:00.
Allí, con un traje de dos piezas azul oscuro salió la pequeña rubia que, dos meses después, juraría como Jefa de Estado. En ese momento salió y el griterío fue absoluto, aplaudimos, gritamos, cantamos, casi bailamos de alegría... ella, con una cara de triunfo impresionante se para frente al micrófono y empieza su discurso, recuerdo que no eran grandes promesas, sino que cosas esperanzadoras y muy viables. Habló acerca de lo que significaba que una mujer fuera presidenta de Chile, de lo poco realizable que podría haber sido hace diez o cinco años atrás, agradeció la confianza y aclaró que eso no era un triunfo personal, sino que de todos los habitantes de esta patria. El discurso terminó y la fiesta siguió, al rato nos fuimos con mi familia a la casa de mi tía, que estaba relativamente cerca (Pedro de Valdivia norte) y allí me dormí en un sillón, estaba rendido ante el cansancio.
El once de marzo (día en que jura el presidente nuevo, diputados y senadores) fue uno de los más emotivos que he visto en televisión, la salida de Ricardo Lagos del gobierno, con notoria emoción y deshaciéndose en agradecimientos a todos y cada uno de los chilenos que depositaron su confianza en él. El vejete del dedo acusador, se fue en gloria y majestad, le entregó la banda presindencial a una mujer que él levantó politicamente y que validó como una mujer seria y entregada, fue como un padre que le entrega la sucesión de la corona a uno de sus hijos.
De ahi en adelante todo ha sido diferente, Bachelet es la que ha realizado la mejor gestión de gobierno y aunque el nuevo gobierno derechista trate de sacar cuanto paño sucio encuentre, nadie podrá negar que el cambio social de este país ha sido notorio, que se agradece y que Michelle deja una vara muy, pero muy alta.

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